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Brasil: Ex represor confiesa en sus memorias que quemó cuerpos en dictadura

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Un ex agente de la dictadura brasileña (1964-85) lanzará un libro de memorias con revelaciones sobre la represión a la izquierda y que relata cómo los cuerpos de diez militantes fueron incinerados en una usina de Rio de Janeiro, informó la editora Topbooks.

El libro “Memorias de una guerra sucia”, que será lanzado en los próximos días, surge del testimonio del ex comisario Claudio Guerra, del conocido órgano de represión DOPS, a los periodistas Rogério Medeiros y Marcelo Netto.

“En determinado momento de la guerra contra los adversarios del régimen pasamos a discutir qué hacer con los cuerpos de los eliminados. Estábamos al final de 1973″, explica el ex agente en el libro, del que el sitio informativo IG divulga algunos fragmentos.

La decisión fue utilizar el horno de una usina de azúcar, propiedad del vicegobernador de Rio en la época, donde habrían sido incinerados los cuerpos, entre otros, de la pareja Ana Rosa Kucinski y Wilson Silva, y los dirigentes del Partido Comunista Luiz Ignácio Maranhao Filho y Joao Massena Mello.

“Este hombre dice barbaridades que han dejado a las familias -de los desaparecidos- traumatizadas. El Estado tiene que intervenir, llamarlo a declarar y esclarecer si es verdad”, dijo a la AFP la presidenta de la ONG de familiares de muertos y desaparecidos Tortura Nunca Mais, Vitoria Grabois, quien se declaró “perpleja” ante los relatos de este ex agente desconocido hasta la fecha.

El nombre de Claudio Guerra “no consta en ninguna lista de agentes torturadores recopiladas por las organizaciones de izquierda, porque en realidad nunca torturó a nadie: su misión era matar”, revela la editora.

El libro relata otros detalles aparentemente desconocidos del período, y da otra versión sobre el fallecimiento del represor Sergio Paranhos Fleury, que según la información oficial cayó de una barca y que según este ex comisario de 71 años murió por decisión de los militares, que consideraban que no obedecía.

El narrador es descrito como un peligroso agente involucrado en decenas de asesinatos y, que según O Globo, cumplió condena por un ataque con bomba en 1982 contra un capo del juego ilegal, y responde a juicio por el presunto asesinato de su esposa y su cuñada en 1980, con 19 tiros una y 11 la otra.

En la cárcel, el ex represor se habría arrepentido y se hizo pastor de una iglesia evangélica.

El libro surge justo cuando la presidenta Dilma Rousseff, ex guerrillera presa y torturada durante la dictadura, está a punto de crear una Comisión de la Verdad para investigar las violaciones a los derechos humanos durante ese período.

Esa comisión no interferirá en la ley de amnistía que impide juicio a los represores, aunque algunos fiscales están intentando revertir ese impedimento.

Brasil reconoce oficialmente 400 muertos y desaparecidos durante el régimen militar, contra 30.000 de Argentina y más de 3.200 en Chile.

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