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El efecto Aysén y la rebelión de las hormigas

Archivo | Rodrigo Aguilera (RBB)
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¿Alguna vez le ha mordido una hormiga? Si no ha pasado por la experiencia, déjeme decirle que es algo particularmente doloroso. Sin embargo, el común de las personas no asocian a este insecto con esta característica, sino principalmente con su abnegado trabajo.

Las hormigas son esencialmente sociales, y trabajan por el bien de la colonia recolectando alimentos en interminables caravanas que son guiadas por las feromonas que van dejando en sus rutas. Pero además, dichas feromonas las liberan cuando son aplastadas, lo que alerta al resto de la situación, acudiendo en defensa de la afectada.

Si bien es casi imposible que su mordida resulte fatal, según el Índice de Dolor de Schmidt (escala que mide el dolor relativo causado por picaduras) tiene la picadura más dolorosa entre los insectos.

Traigo el tema a colación, a propósito del conflicto en Aysén que va por su cuarta semana sin que aún se avizore alguna salida, en una movilización ciudadana que se repite tras lo ocurrido con Magallanes, pero sin precedentes respecto a las administraciones anteriores de la Concertación.

¿Cuál es la razón de esta ebullición ciudadana contra el Estado?

En la región de Aysén votaron 24.171 personas por Sebastián Piñera, lo que representó un 58,50% de los sufragios, siendo la segunda región con más votos a favor del candidato de la derecha, tras Tarapacá (60,63%), según datos del Ministerio de Interior.

Con estos números, no cabe duda que la principal razón de la efervescencia social tiene que ver con la desilusión y desencanto que sienten los que entregaron su voto a quienes les prometieron que “esto iba a cambiar”, pero que aún no lograr cumplir lo pactado.

Este sentimiento se acrecienta al ver que instalaron en el poder a un sector que aún no entiende que esto es política y no administración de empresas, y que recurre a la fuerza como vía para solucionar los conflictos.

Tal como las hormigas, en Aysén hay gente que debe esforzarse el doble para poder sobrevivir con una dignidad que ha sido pisoteada, provocando que esa feromona del descontento vuele a distintas partes del país, viendo como pescadores artesanales, campesinos, mujeres y niños, eran repelidos con gases y balines, transformando este conflicto en un tema país.

En ese sentido, no es de extrañar que nuevos estallidos sociales se produzcan en otras partes de Chile, como una “rebelión de las hormigas”, que picarán dolorosamente a un sistema neoliberal que privilegia la concentración del poder, del dinero y de la democracia en manos de unos pocos, que ven a las hormigas como una oportunidad de negocios, olvidando el dolor de su picadura.

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