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Obama pide a futuro número uno chino, Xi Jinping, respetar reglas y DDHH

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El presidente estadounidense, Barack Obama, se reunió este martes con quien probablemente sea el próximo número uno chino, Xi Jinping, para sentar las bases de una relación más armoniosa con Pekín, su rival y socio obligado.

Xi, actualmente vicepresidente de su país, se reunió con Obama tras sostener un encuentro con su homólogo estadounidense, Joe Biden, y la secretaria de Estado, Hillary Clinton. También estaba presente en la sala Roosevelt del ala oeste de la Casa Blanca el representante para el Comercio, Ron Kirk.

Obama declaró en el Salón Oval de la Casa Blanca que su país continuará abordando la cuestión de los derechos humanos en China. “Sobre cuestiones cruciales como los derechos humanos, continuaremos insistiendo en lo que creemos que es importante, la materialización de las aspiraciones y los derechos de todos”, afirmó Obama.

El mandatario estadounidense dijo asimismo que China tiene que respetar las “reglas vigentes” de la economía mundial. El valor del yuan, que Washington considera que Pekín altera para ganar competitividad comercial para sus exportaciones, constituye uno de los principales temas de controversia entre las dos grandes potencias económicas.

“Esperamos que China siga asumiendo un papel creciente en los asuntos mundiales, y pensamos que es extremadamente importante que China y Estados Unidos desarrollen una sólida relación de trabajo”, agregó.

Obama se refirió con mucho tacto a las tensiones comerciales y al tema de los derechos humanos entre los dos gigantes comerciales y afirmó que Washington pretende seguir siendo una potencia clave en la región de Asia-Pacífico, pese al ascenso de China.

Obama también saludó los logros de Pekín y Washington en asuntos como Irán y la península de Corea.

Sin embargo, el mandatario no evocó en forma directa a Siria, tema de discordia entre ambas potencias luego de que China vetara, junto a Rusia, una resolución de la ONU condenando la sangrienta represión del régimen de Bashar al Asad contra la disidencia.

Por su parte, Xi Jinping dijo durante un almuerzo con altos funcionarios de Estado Unidos que su país seguirá tomando medidas “concretas” para mejorar la situación de los derechos humanos, admitiendo que “siempre hay lugar para mejorar”.

“Continuaremos implementando políticas y medidas concretas y efectivas para promover la equidad social, la justicia y la armonía e impulsar el desarrollo de los derechos humanos en China”, dijo.

En lo que atañe a las controversias comerciales, el vicepresidente chino abogó por un “mayor equilibrio” en la relación comercial y de inversiones entre Estados Unidos y China.

“Deberíamos impulsar nuestro potencial de cooperación (…) y esforzarnos para (lograr) un mayor equilibrio en comercio e inversiones entre los dos países”, dijo Xi.

Además, invitó al presidente Obama a hacer una visita oficial a China, dijo la Casa Blanca.

Salvo que los acontecimientos den algún giro dramático, Xi sucederá a Hu Jintao a la cabeza del Partido Comunista Chino en octubre próximo y en marzo de 2013 asumirá la jefatura de Estado.

El jerarca chino también expresó su esperanza de que este año electoral en Estados Unidos no tenga un “impacto desafortunado” sobre los vínculos entre las dos economías más grandes del planeta.

Pero el contexto político en el que se enmarca su visita se presenta complejo: el veto de China y Rusia -duramente criticado por Washington- en la ONU de una resolución de condena al régimen sirio, inmolaciones en serie en las regiones tibetanas, aumento de las tensiones comerciales y la tradicional escalada antichina en año electoral en Estados Unidos.

Xi también visitará Iowa (centro), estado donde se reencontrará con viejos amigos que conoció durante un viaje de jóvenes en 1985, y Los Ángeles.

Justo antes de su llegada a Estados Unidos, Xi advirtió a Washington sobre un excesivo aumento de sus recursos militares en la región de Asia-Pacífico. A finales de 2011, Obama anunció que su país fortalecería su presencia militar en Australia, una decisión en la que Pekín había visto el signo de una “mentalidad de guerra fría”.

Sin embargo, en una acción inhabitual el vicepresidente chino concurrirá este martes al Pentágono.

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