Notas


Final de la primera parte

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A la larga, la trifulca por el acuerdo de Renovación Nacional con la Democracia Cristiana tuvo su lado simbólico. Surgió justo cuando el Gobierno conmemora sus 2 años en el poder, en lo que, por la duración del período presidencial, se considera la primera parte de la administración en ejercicio. Es decir, el mandato de Sebastián Piñera termina su fase inicial con un ejemplo ilustrativo de la dicotomía histórica que enfrenta la derecha: liberales versus conservadores. O “nueva Derecha” frente a “¿vieja? Derecha”.

Como ya han pasado 2 semanas desde que partió el incidente, hubo tiempo para observar su génesis y desenlace. También para leer y escuchar muchas opiniones de analistas que observaron lo ocurrido. Todo esto permite sacar algunas conclusiones más o menos irrebatibles:

1) Lo que más molestó al Gobierno y a la UDI (y a algunos miembros de RN) fue la forma en que el senador Larraín dio a conocer el acuerdo con la DC. Según él, había dado atisbos (a su homólogo, el senador Coloma) de que estaba conversando con el partido de oposición, pero no adelantó en algún momento que estaba ad portas de un documento. Y, encima, lo da a conocer 24 horas después de haber comido con sus socios en la casa del ministro Hinzpeter y donde la coalición dio señales de unidad: estaban conscientes de que el sistema político necesita adecuaciones, pero manteniendo sus “principios”. Porque la forma también importa, el fondo del asunto – el acuerdo – pasó a último plano.

2) Pero no a tan último plano. Hubo quienes leyeron el documento RN-DC y vieron “cosas”. Por ejemplo, que en la propuesta de cambiar el régimen presidencial por un semipresidencial hay una crítica velada a la falta de liderazgo que ha mostrado el Mandatario. “La centralidad de ese poder presidencial, cuando se debilita, repercute en todo el sistema”, reza el texto. Otros se sorprendieron por la propuesta de un “proporcional corregido” que aumenta los cupos en el Congreso en un escenario donde la ciudadanía no confía en los políticos. O sea, ¿para qué más políticos si con los que hay ya hay suficiente discolaje? Y hubo también aquéllos que alabaron el documento porque constituye, a su juicio, una propuesta interesante de reforma del sistema, aún cuando no explique la “letra chica” o el “cómo” de las recomendaciones.

3) Lo sucedido fue grave, en términos de que hirió las sensibilidades de la UDI y del gobierno. De la Unión Demócrata Independiente, porque el acto de Carlos Larraín y la justificación de que “juntos, RN y la DC convocan al 40 por ciento del electorado” fue una señal de que su socio no está dispuesto a someterse a los designios del partido de Jaime Guzmán. Renovación Nacional dio una muestra de poder y eso endureció a la UDI, que fue a quejarse donde el Presidente y que logró un respaldo importante en el Consejo Ampliado del martes 24 de enero.

Para el Ejecutivo, en especial el Presidente Piñera, lo ocurrido fue un golpe porque RN no les contó nada respecto a las conversaciones y avances que estaba llevando a cabo con la Democracia Cristiana. Al punto que el Ministro Chadwick salió a decir que ““fue una acción que la directiva de RN no la comunicó al Gobierno ni a la Alianza, el Gobierno no tenía conocimiento ni de los contenidos ni procedimientos”. Al final del día, aunque muchos hablaron de un triunfo de la UDI, el Consejo Ampliado concluyó que si bien pueden los partidos conversar con otros sectores (validando el diálogo de Carlos Larraín con Ignacio Walker), se priorizarán aquellos acuerdos que se alcancen primero en la Coalición por el Cambio (RN deberá someterse a lo que pacten en este grupo, aunque sea contrario a las ideas que se acuerden con otros conglomerados).

4) Se complicó el escenario para debatir el sistema binominal. Carlos Larraín tuvo que bajarle el tenor al acuerdo y lo llamó “nada más que una idea”. El Gobierno, a su vez, fue enfático en señalar que su prioridad – su carta de navegación – son 4 ejes: salud, educación, seguridad ciudadana y crecimiento y empleo. Las otras reformas – la tributaria y la política – son secundarias, dejó en claro. Y como la Concertación vio en este episodio la oportunidad de presionar al Mandatario después de su llamado a que los partidos llegaran a un acuerdo, presentaron su propia propuesta. ¿El problema? Como los ánimos están exasperados, el Ejecutivo no le dio mayor importancia al texto e incluso se negó a que la oposición lo emplace si “ellos representan a una fuerza política que durante 20 años no envió un proyecto de ley con un sistema electoral específico que reemplazara el sistema binominal”, dijo Chadwick.

En fin. Es el corolario de la primera parte del gobierno de Sebastián Piñera. Establecida la carta de navegación, habrá que ver si la relación entre la nueva Derecha y la otra, la que encabezan los más conservadores, se vuelve a convertir en obstáculo para llevar a cabo las metas. Y si no lo llega a ser para materializarlas, a ver si empaña los logros que tanto quiere resaltar el Ejecutivo ante una ciudadanía desconfiada.

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