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Acuerdo RN-DC: La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas

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Un dejo de sorpresa causó el anuncio del pasado miércoles que hicieron los partidos Renovación Nacional y la Democracia Cristiana, respecto a una propuesta para cambiar el actual sistema político que rige nuestro país.

En un documento que fue trabajando en la más absoluta reserva, el conglomerado oficialista y su par de la Concertación elaboraron un documento con el cual esperan “evolucionar” el actual orden político. Las principales ideas son cambiar a un régimen semi-presidencial, que en la práctica sugiere una división de los poderes del ejecutivo en un Jefe de Estado y un Primer Ministro – como en algunos países europeos -, además de proponer un cambio del sistema binominal por un sistema “proporcional corregido”.

Más en detalle, la propuesta alude al necesario cambio que se necesita a propósito del nuevo sistema de voto voluntario, que tiene a varios políticos nerviosos ante una ciudadanía que se ha mostrado derechamente desencantada con la política en general.

Según el texto,”la centralidad de ese poder presidencial, cuando se debilita, repercute en todo el sistema. Por eso se requiere descentralizar y democratizar más el poder”, agregando que “el Congreso carece de un rol que sea percibido como real e importante por la ciudadanía”, por lo cual se pretende fortalecer ese poder del estado bajo un nuevo régimen semipresidencial que separe la institución de la Presidencia (Jefe de Estado) de la de Jefe de Gobierno (Primer Ministro).

“Ello implica un Presidente electo por voto universal, con atribuciones exclusivas en las relaciones internacionales, la defensa nacional, y la tuición de una administración pública moderna y profesional, con funciones de moderación y arbitraje político, con facultad de disolver el Congreso una vez en su mandato, y un Jefe de Gobierno propuesto por el Presidente de la República quien deberá contar con la aprobación mayoritaria del Congreso Nacional. Este Primer Ministro se constituirá en el Jefe de Gobierno”, se indica.

Además, se propone una elección directa del Presidente del Gobierno Regional, en este caso los intendentes, la elección directa de los consejeros regionales, la creación de los Gobiernos Metropolitanos, junto a otras que puedes revisar aquí.

Por último, se propone un cambio del actual sistema electoral, por uno “proporcional corregido”, aunque – casualmente – no se entregan mayores detalles al respecto. Junto con lo anterior, se pide “transparencia y rol de los partidos; financiamiento público de éstos; prohibición de las reelecciones indefinidas en todos los cargos de elección popular; primarias simultáneas y vinculantes; y la obligación de que los partidos sean plenamente democráticos en su práctica interna”.

El anuncio tomó por sorpresa a La Moneda, obligando al ministro Chadwick a salir a aclarar la situación, reconociendo que el Gobierno no tenía idea que uno de los partidos oficialistas, que presidió el propio Sebastián Piñera (suspendió su militancia para asumir el cargo), estaba preparando una “revolución silenciosa” con la DC.

Claramente nuestro país necesita un cambio en el sistema político, por otro que entregue mayores garantías de una democracia real que vele por los intereses de la ciudadanía. Eso se reconoce en la intención que tuvo la falange y el partido derechista, pero claramente no era ni el tiempo, ni la forma las adecuadas para instalar el tema.

¿Por qué se hizo en silencio?

No es extraño que un partido de oposición y otro de gobierno aúnen fuerzas, más aún, no es la primera vez que la Democracia Cristiana busca aliados en la vereda contraria – el que forme parte de la Concertación es un ejemplo -, ha ocurrido en el pasado y no dejará de suceder.

Sin embargo, es realmente contraproducente hacerlo a espaldas de sus aliados políticos, aunque en esta pasada, quienes cargan con la mayor culpa es RN, por ser el partido oficialista, dejando en evidencia las fracturas al interior de la Coalición por el Cambio, los que rápidamente acusaron el golpe acusando falta de lealtad de sus aliados.

Con lo anterior, Carlos Larraín y su séquito, no hace más que seguir abriendo flancos de críticas a un ya criticado (valga la redundancia) Gobierno del presidente Piñera.

Por otro lado, esta negociación entre gallos y medianoche provoca desconfianza, no sólo en la Alianza y en la Concertación, sino que en el ciudadano común y corriente, que ve desaparecer la línea entre oficialismo y oposición, instalando la percepción de que “todos son lo mismo”, ad portas de una de las elecciones más importantes del país, como son las municipales.

Un proyecto inviable

Si bien el acuerdo no ofrece mayores detalles, a una primera mirada esta reforma propone que los políticos tomen en poder desde el Congreso, y que actualmente no cuenta con el favor ciudadano.

Pero además, propone un cambio en el cual la persona por la que se votó directamente, no será quien tome las decisiones “país”, sino que esa decisión quedará en manos de los acuerdos, lobby, negociaciones y diálogos, en los que todos los sectores políticos pretenden una tajada de poder.

Chile, como en la mayoría de los países sudamericanos, es inviable un proyecto de este estilo, dada la idiosincrasia de esta zona del mundo, en donde se vota por la persona como representante de la autoridad, quien asume el poder en una especie de “Cacicazgos”, que en países como Argentina y Venezuela se ven exacerbados.

A mi juicio se necesita un cambio, pero éste no puede emanar desde los que detentan el poder, sino desde la ciudadanía, porque al fin y al cabo somos nosotros quienes padecemos las decisiones de los políticos, por lo cual no se necesita ahora un acuerdo entre cuatro paredes por quienes esperan mantenerse en el poder.

Hoy se requiere que los políticos respeten la voz del pueblo, que sean elegidos los que obtienen mayoría en las urnas y no por decisión de una mesa directiva. Es necesario que se termine con el sistema binominal, herencia de una dictadura que aún sigue doliendo. Es necesario que los gobiernos regionales sean dirigidos por personeros elegidos por el pueblo, con presupuestos manejados desde las provincias y no desde La Moneda. Es necesario un cambio para que se terminen con las dinastías y la aristocracia política. Es necesaria una reforma para que dejen de robarnos los poderosos que manejan este país y que comen de un mismo plato con los políticos.

Es necesario un cambio.

Y antes de concluir, quisiera citar a nuestro antipoeta Nicanor Parra, respondiendo a las críticas del Partido Comunista durante el régimen militar: “Lo siento mucho camarada Volodia/no soy yo/ son ustedes los que se quedaron atrás/ socialistas y capitalistas del mundo unios/ antes de que sea demasiado tarde”.

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