Con bolsas de plástico en mano, en las que cargan sus pocas pertenencias, 266 hondureños regresaron este viernes a su país procedentes de Estados Unidos, de donde fueron deportados días antes de Navidad.

“¡Cómo es Dios!, me mandaron el día adecuado porque mañana es Navidad”, ironiza Iván Rivas, de 25 años, uno de los hondureños que despertaron abruptamente de su “sueño americano”.

En el aeropuerto de Toncontín, en Tegucigalpa, bajaron 136 de un avión del Servicio de Migración de Estados Unidos, procedentes de Houston (Texas, centro-sur). Otros 130 llegaban al de San Pedro Sula, la segunda ciudad del país, situada a 240 km al norte de la capital.

A Toncontín llegaron lanzando insultos contra el presidente estadounidense Barack Obama y culpando al gobierno de Honduras por tener que dejar su país en busca de oportunidades en Estados Unidos, donde, dijeron, sufren humillaciones.

Rivas logró en noviembre cruzar la frontera de México hacia Estados Unidos, por el lado de Texas, pero fue atrapado por la “migra”.

“Voy a tratar de trabajar un tiempo aquí para volverme a ir; aquí no hay trabajo”, reconoce el hondureño originario de la ciudad de El Progreso, departamento de Yoro, 220 km al norte de la capital.

Carlos Romero, de 22 años, era el más desconcertado del grupo, porque llegó a una tierra extraña. Sus padres lo llevaron a Houston a la edad de cinco años y trabajaba como operador de maquinaria de construcción.

“Me agarraron manejando en estado de ebriedad”, admite el hondureño que tenía que viajar este mismo viernes a la remota comunidad de Bonito Oriental, departamento de Colón, unos 600 km al noreste de Tegucigalpa, donde lo recibiría un tío. Su padre ya murió y su madre quedó en Estados Unidos.

En el aeropuerto de Tegucigalpa, del avión fueron llevados a las oficinas del Centro de Atención del Migrante Retornado (CAMR). “Es doloroso lo que vemos, llegan con la autoestima muy baja”, lamenta la encargada del organismo, la monja brasileña Vardete Willeman.

“En este caso de hoy, venían con mucha ansiedad, desesperados por llegar a sus casas, quizás porque es Navidad”, añade la activista humanitaria, en declaraciones a la AFP.

En el CAMR, donde realizan los trámites migratorios, los deportados reciben una “baleada” (tortilla de harina con frijoles), un café y el costo del pasaje para que vuelvan a sus comunidades de origen.

Un total de 22.027 hondureños fueron deportados de Estados Unidos vía aérea este año -23.000 en 2010- otros 17.345 llegaron por tierra desde México, donde fueron detenidos en la arriesgada travesía hacia el norte, según los datos del organismo.

Para el 27 de diciembre está programado el regreso de otros 92 y el 28 los últimos 76 deportados del año. Entre 2000 y 2010 fueron deportados 202.128 por vía aérea y 320.170 incluyendo los que llegaron vía terrestre, de acuerdo con los datos oficiales.

Más de un millón de hondureños viven en Estados Unidos, la mayoría indocumentados y unos 65.000 acogidos al Estatus de Protección Temporal (TPS, por su sigla en inglés).

Los hondureños que viven en Estados Unidos envían remesas que han alcanzado unos 2.800 millones de dólares anuales, equivalente a cerca de 25% de Producto Interno Bruto (PIB) del país.