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Optimismo y cautela se mezclan en Cuba ante reforma bancaria de Raúl Castro

Samuel Negredo en Flickr
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Caridad piensa en grande: espera sumar una segunda planta a su casa y montar en la primera un restaurante, ahora que la banca estatal de Cuba apuntalará con créditos las reformas económicas de Raúl Castro, pero Mirtha, como Santo Tomás, prefiere “ver para creer”.

“Por ahora es un gran sueño, pero qué no puedes hacer si dispones de créditos”, declaró entusiasmada a la AFP Caridad Burgos, mientras servía un café a un cliente en el pequeño negocio de comida rápida que abrió hace seis meses en el portal de su casa, en el barrio del Vedado de La Habana.

Agobiada por el salario mensual de 405 pesos (unos 17 dólares) que percibía como secretaria, esta mujer de 52 años decidió renunciar a su empleo estatal y “probar suerte con los negocios”, apoyada por una hermana que vive en Estados Unidos.

“No me va mal”, pero “si pudiera construir un segundo piso y hacer en éste un restaurante, me iría mejor”, dijo Burgos, que ahora tiene una ganancia neta de unos 50 dólares al mes, aunque se queja por los altos gravámenes y la falta de un mercado mayorista donde abastecerse.

La nueva política crediticia, que el gobierno de Raúl Castro anunció el jueves, entrará en vigor el 20 de diciembre y está dirigida fundamentalmente a los trabajadores por “cuenta propia”, negocios privados, cooperativas y campesinos independientes, y personas que quieran construir o reparar sus casas.

Pero no todos los cubanos reaccionaron con el optimismo de Burgos ante la medida, incluida en el plan de 300 reformas con que el presidente cubano busca hacer eficiente el agotado modelo económico cubano, de corte soviético, que la isla siguió durante medio siglo.

Mirtha Lambert, una peluquera privada de 42 años, está “al borde de un ataque de nervios”, pues lleva “tres meses corriendo por toda La Habana” para comprar los materiales de construcción que necesita para terminar la reparación de su vivienda, que inició hace seis.

“Si eso de los créditos va a funcionar como lo de los materiales, que no hay nada, realmente no sé, tengo que ver para creer”, comentó Lambert en un almacén de venta de insumos para la construcción en el populoso barrio de Centro Habana.

Para Janet, vendedora en un supermercado de La Habana Vieja, poder contar con créditos “sería bueno” si los cubanos no devengaran salarios “tan bajos”, 20 dólares al mes como promedio.

“Si pides un crédito, luego te pasas la vida pagándolo”, expresó la joven, que como casi todos los cubanos siempre ha pagado sus cuentas al contado y en efectivo, y ahora tendrá que alfabetizarse en cuestiones bancarias, como el uso de tarjetas de crédito y débito.

Desde que asumió el mando en julio de 2006 cuando enfermó su hermano Fidel, Raúl Castro ha levantado diversas restricciones “excesivas”, como las que impedían a los cubanos hospedarse en hoteles o contratar celulares. En septiembre autorizó la compraventa de automóviles y este mes la de viviendas.

“Sin créditos no hay progreso. Si hubiese tenido la posibilidad de solicitar uno cuando abrí este negocio hace dos meses, hubiese sido fabuloso”, opinó Lázaro Bueno, de 46 años, otro de los 330.000 cubanos que se lanzó a la aventura privada, tras quedar cesante en su empleo de velador.

El hombre, que tiene un pequeño negocio de ferretería en la céntrica calle San Lázaro, recomienda a los nacientes empresarios ser “osados” y sobre todo “modernizarse en el tema bancario”, porque “o te adaptas o pereces”.

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