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Los estudiantes no están solos: ¡somos el 99%!

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Los movimientos sociales que durante este último año se han ido manifestando y difundiendo a nivel global dejan en claro que el movimiento chileno para la educación pública no está solo. Lo que ha pasado el 15 de octubre es un ejemplo que confirma dicha hipótesis. En todo el mundo, ese mismo sábado, miles de personas han marchado bajo el eslogan unidos para un cambio global: manifestaban su rechazo al modelo neoliberal dominante y reivindicaban la necesidad de construir una alternativa, política, social y económica. Eso revela el hilo profundo que une al movimiento chileno con el resto del mundo y fortalece sus razones y su lucha. Y también de que “el topo” sigue escarbando los cimientos del sistema y preparando nuevos escenarios.

Es irrefutable que durante estos 6 meses de movilización, los estudiantes han sabido generar un discurso fuerte y compartido por la mayoría de la sociedad que, partiendo del tema educacional pone en cuestión los valores, prácticas políticas, y normas e instituciones que el modelo neoliberal pretende establecer como “naturales”. Reivindicando la educación como derecho humano, y por eso “pública”, “gratuita” y “de calidad”, hacen temblar los pilares de un modelo basado exclusivamente en los intereses privados, en el mercado, en el lucro y en la competencia. Sus palabras sobre la necesidad de una reforma tributaria, de una renacionalización del cobre, de un plebiscito y una asamblea constituyente ponen el dedo en la herida más profunda de nuestro país: la desigualdad.

Por eso, este sábado las consignas del movimiento chileno, actualizadas a la realidad de cada contexto nacional, resonaban en todo el mundo.

Resonaban en Nueva York donde desde el 17 septiembre cientos de personas asedian Wall Street, el lugar símbolo del capitalismo” y de la crisis que desde 2008 azota el mundo. “Somos el 99%” dicen los miles de estadunidenses que se han sumado a la movilización, denunciando un modelo que concentra el poder, las riquezas y los beneficios en las manos del 1% de la población, dejando al resto en la precariedad y desamparo. Si nos acercamos y escuchamos sus palabras y sus relatos, podemos entender en qué consiste esta desigualdad:

“Tengo 2 hijos y 1 ingreso. Mi marido es lisiado, pero no lo suficiente como para recibir asistencia social. Adquirí una deuda de 30 mil dólares para estudiar por un título que nunca utilizaré. Vivo pagando crédito sobre crédito. Yo soy el 99%”. “Encontré un empleo maravilloso, pero tengo una deuda de 70.000 USD porque necesitaba un magister para obtenerlo. Mi marido se tituló en derecho en 2010 y todavía no encuentra trabajo. Es mesero, y tiene una deuda de 100 mil dólares de crédito de estudios (…) Yo soy el 99%”. “En 2008 tenía un empleo que pagaba 50.000 USD al año y recibía buenos beneficios, incluso una pensión. En los 3 años sucesivos estuve prácticamente desempleado, encontrando solo trabajos temporarios y de breve duración. Ahora tengo una ocupación “estable”: a 10 USD la hora, sin beneficios, y solo 3 días a la semana. Yo soy el 99%”.

Endeudamiento, empleo precario, bajos sueldos… en las palabras del “99%” de los estadunidenses resuenan el malestar y las vivencias de los mismos estudiantes chilenos.

Resonaban también en las calles de Italia donde la crisis económica se acompaña de un espiral de largo periodo de bajos salarios y endeudamiento, y está dibujando un escenario que acerca progresivamente el “Belpaese” a los países al borde del colapso, los llamados “PIGS” (Portugal, Irlanda, Grecia, España). Para enfrentar esta difícil situación las directrices de los grandes poderes como el Banco Central Europeo (BCE) son claras, y los miles de italianos que se están movilizando las rechazan totalmente: privatizaciones de los servicios públicos y ataque al sistema de relaciones laborales.

En el agosto de este año Jean Claude Trichet, presidente del BCE, y Mario Draghi, gobernador del Banco de Italia (el banco central italiano) y su futuro sucesor, escribieron una carta confidencial y muy explícita al gobierno italiano, justo en el periodo de preparación de la ley de presupuesto. En esa carta los dos banqueros solicitan al gobierno italiano la adopción de “medidas significativas para aumentar el potencial de crecimiento”, que en perfecto estilo neoliberal significa liberalización y privatización de los servicios públicos; facilitación de los despidos en el sector privado; ruptura del contrato nacional de trabajo y privilegio de una negociación colectiva al interior de la empresa; despidos y recortes salariales en el sector público. La ley de presupuesto, aprobada a fines de septiembre por el parlamento italiano, acogió prontamente los “consejos”.

Podríamos seguir analizando las políticas de los gobiernos de España, o de Grecia y escuchando la voz y la respuesta organizada de la sociedad. El resultado sería seguir encontrando -siniestros y muy significativos- paralelismos con la realidad chilena.

Chile ha entrado al OCDE, su economía ha crecido este primer semestre de un 8,4% y la tasa de desempleo ha bajado, gracias a una fuerte creación de empleos. Sin embargo una lectura más atenta de los datos nos devela una realidad opuesta. Somos el país con la mayor desigualdad en la distribución de ingresos de todos los miembros del OCDE, el de los trabajadores/as gana menos de $350.000, y nuestro mercado laboral prospera basándose en el subempleo “horario”: más de 750.000 personas buscan trabajar a jornada completa pero solo encuentran empleos con horarios parciales; y en el subempleo “ilustrado 471.000 (el 6% de los ocupados) están sobrecalificados para sus trabajos, es decir, tienen título profesional pero no se desempeñan como profesionales.

Eso significa que mientras una oligarquía se enriquece y se beneficia del crecimiento, la inmensa mayoría de los chilenos está atrapada en una espiral de precariedad, arreglándosela con empleos desprotegidos, mal remunerados y de baja calificación y acudiendo al endeudamiento, que afecta al día de hoy al 61% de las personas. A eso se suma el saqueo de los bienes comunes, con la privatización de los derechos a la educación, a la salud y a la previsión, considerados puros bienes de consumo.

Desde esta perspectiva la denuncia del movimiento para la educación pública que dice que somos el segundo país con la mayor segregación escolar del mundo, es decir los pobres estudian con los pobres y los ricos con los más ricos, es irrefutable. Por eso tienen razón los estudiantes cuando dicen que los verdaderos saqueadores están al gobierno”: han secuestrado al país y se reparten impunemente la torta.

No obstante el silencio y la desinformación sistemática de los grandes medios de comunicación chilenos (prensa y televisión), los estudiantes supieron mostrarnos con franca simplicidad de que “el rey está desnudo”: no basta taparlo con una beca más o con un crédito a tasas convenientes, llegó el momento de destronarlo y abrir las puertas para que la sociedad pueda dar vida a un nuevo modelo. Al parecer, el movimiento global va en esa dirección.

Por Patrizio Tonelli, historiador e investigador de Fundación SOL

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