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Guadalajara quiere blindar sus Juegos Panamericanos de violencia de cárteles

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Once mil policías y militares mexicanos integrarán el dispositivo de seguridad de los Juegos Panamericanos que se abren el 14 de octubre en Guadalajara y que se celebran en un contexto de enorme violencia ligada a la batalla contra el narcotráfico en México.

En un país con regiones severamente afectadas por las actividades criminales de los cárteles de la droga, las autoridades locales y federales no quieren dejar ningún resquicio para posibles actos de violencia durante las poco más de dos semanas en que Guadalajara será objeto de atención de toda América.

Los habitantes de Guadalajara, con una incidencia del narcotráfico mucho menor que otras urbes mexicanas, ya hace días que conviven con los patrullajes de las unidades blindadas y los helicópteros Black Hawk de la policía federal.

Más de 2.000 agentes federales, una cifra que se incrementará esta semana, se han desplegado para apoyar a los 4.500 elementos de los que dispone la segunda urbe de México y su área metropolitana de 4,4 millones de habitantes.

“No hay amenazas directas para los Panamericanos, se está trabajando fuertemente para mantener la seguridad de los Juegos”, tranquilizó Luis Carlos Nájera, secretario de Seguridad Pública del estado de Jalisco, cuya capital es Guadalajara, situada a unos 600 km al noroeste de la Ciudad de México.

Sin embargo, el funcionario admitió que en la región operan grupos armados que podrían continuar con sus disputas territoriales durante la justa.

A una de estas organizaciones narcotraficantes, La Resistencia, atribuyó Nájera la colocación de tres cabezas de cerdo en hieleras cerca del hotel donde se hospedan los policías federales, como una advertencia de que no se inmiscuyan en sus rutas.

Un informe de la consultora estadounidense de seguridad Stratfor coincidió la semana pasada en que es poco probable que los cárteles ataquen directamente a eventos de los Juegos pero también alertó de que su sola presencia alrededor de un acontecimiento de este tipo -con más de 5.700 atletas y 800.000 visitantes- supone una serie de amenazas a tener en cuenta.

El principal riesgo para deportistas y espectadores, apunta Stratfor, fuera de los estadios y las principales vías de comunicación es quedar atrapado en una confrontación entre hombres armados, o entre éstos y fuerzas de seguridad, en las que se suele disparar indiscriminadamente y utilizar granadas.

La consultora también recuerda que el pasado agosto una balacera en el exterior del estadio de fútbol de Torreón (norte) desató el pánico entre los aficionados y obligó a suspender un partido de Primera División.

No obstante, México es un país habituado a organizar multitudinarios eventos políticos, musicales y también deportivos. Ningún episodio violento ocurrió durante el último Mundial de fútbol Sub-17 que México albergó entre junio y julio pasados en siete ciudades.

A pesar de que cuenta con un potencialmente lucrativo mercado de drogas y que históricamente se la ha considerado un lugar de residencia de capos, Guadalajara está lejos de registrar los índices de criminalidad asociada al narcotráfico de otras grandes urbes mexicanas como la norteña Monterrey.

En los estados del norte de México fronterizos con Estados Unidos se concentra la mayor parte de los más de 41.000 homicidios perpetrados en el país desde que hace casi cinco años el gobierno de Felipe Calderón lanzó un despliegue militar contra el narcotráfico.

En 2010 el estado de Jalisco vivió un repunte de los homicidios -pasó de 8 por cada 100.000 habitantes en 2009 a 11- que se atribuyó a un reacomodo de los cárteles tras la muerte del capo Ignacio ‘Nacho’ Coronel y que ya se da por controlado este año, señaló a la AFP Guillermo Zepeda, analista de seguridad y profesor del ITESO (Universidad Jesuita de Guadalajara).

‘Nacho’ Coronel, número tres del poderoso Cártel de Sinaloa, fue abatido en julio durante un operativo militar en una zona residencial de Guadalajara.

Concentrados en su preparación, los grandes protagonistas de los Panamericanos confían en que las medidas de seguridad permitan celebrar en paz la gran fiesta deportiva de América.

“Antes de cada evento se habla de la seguridad. Pasa en todo el mundo, pasó en (los Panamericanos de) Río en 2007. Se decía que podrían pasar muchas cosas y no fue así”, afirmó la clavadista mexicana Paola Espinosa.

“En México ahora se dice lo mismo, pero ya hemos probado ser grandes anfitriones y ahora no será la excepción”, auguró la medallista en los Juegos Olímpicos de Pekín-2008.

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