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A los 80 años, Desmond Tutu sigue en el combate político y moral

Desmond Tutu | Wikipedia
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En vísperas de cumplir 80 años este viernes, el siempre efervescente arzobispo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz 1984, acusa en una entrevista con la AFP al gobierno del ANC de traicionar los ideales de la lucha antiapartheid.

Su cumpleaños, celebrado con gran pompa, quedará sin embargo empalidecido por la ausencia de su invitado más prestigioso, el Dalai Lama, quien debe quedarse en India al no haber recibido a tiempo un visado de las autoridades sudafricanas.

Absolutamente convencido de que el gobierno cedió a la presión de China para no invitar al líder espiritual tibetano, Tutu se confiesa triste y furioso, pero no sorprendido.

“En cierto sentido, no me sorprende. Estoy triste. Si yo hubiera sido miembro del ANC, pienso que nunca habrían hecho esto”, asegura el anciano arzobispo, quien nunca ahorró sus críticas al actual presidente Jacob Zuma.

El ANC (Congreso Nacional Africano), el partido de Nelson Mandela, otro premio Nobel de la Paz, está en el poder desde 1994.

“Me aflige profundamente ver que este gobierno, que llegó al poder tras haber combatido la opresión y la injusticia, haya podido abandonar (sus valores) y hacer ésto. Es un gobierno que debería abrir las puertas a todo el mundo”, señala Tutu, recordando el papel que tuvo el ANC en la lucha por la libertad.

Este incansable combatiente de la democracia y de los derechos humanos, considera el asunto de la visa del Dalai Lama como un insulto personal. “Pero como pueden ver, tengo el cuero curtido”, dice con esa risa clara y espontánea que lo hizo célebre.

“En la época del apartheid yo estaba más o menos acostumbrado a este tipo de cosas, pero ahora, más bien habría pensado que ellos se dirían ‘va a cumplir 80 años, podríamos hacerle este obsequio’”, reflexiona.

Tutu deplora además que sus relaciones con el poder se hayan poco a poco deteriorado con el correr de estos últimos años.

Mandela, primer presidente del postapartheid, era muy cercano de él y solía invitarlo a compartir el desayuno cuando quería tratar temas sensibles.

“Teníamos una relación muy amistosa”, recuerda, “bastaba que descolgara el teléfono para pedir hablar con él y me lo pasaban inmediatamente. Y si no era posible, sabía que respondería a mi llamada”.

Según el arzobispo, Thabo Mbeki, el sucesor de Mandela, también respondía así a sus llamadas, pero no es el caso de Zuma.

Al igual que Mandela, el ex arzobispo anglicano es considerado sin embargo una conciencia moral por su conciudadanos.

“Pienso que ningún hombre al que le acuerdan ese honor considera que es realmente lo que la gente ve en él. Simplemente uno sigue su camino y hace lo que considera justo. Luego será la gente la que juzgue el sentido de esa contribución”.

Como sea, dice con un toque de humor, su familia está ahí “para desinflar” su cabeza, “es una gran ayuda tener una mujer e hijos que saben perfectamente como hacerme volver a poner los pies en la tierra y recordarme que para ellos solo soy ‘papá’ o ‘mi marido’”.

Aunque anunció su retiro de la vida pública el año pasado, Desmond Tutu sigue consciente de sus responsabilidades y afirma que siempre estará dispuesto para firmar una petición o a oponerse ante la injusticia y la opresión si se lo piden.

“No voy a decir que no”, afirma. “Cuando uno recibe el premio Nobel de la Paz, en realidad no le pertenece, o en todo caso se puede decir que lo hace a uno responsable ante los ojos del mundo. El mundo tiene derechos sobre uno y uno le debe al mundo el utilizar la estatura que da el premio para intentar hacer un mundo mejor”.

“Es un gran privilegio. Es un gran honor que la gente piense que solo el nombre de uno puede hacer una pequeña diferencia”, concluye.

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