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La burbuja laboral de un país modelo

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El país desde hace meses viene viviendo un alza exponencial de movilizaciones de diversos sectores sociales, que tiene a su clase política de todas las tendencias no entendiendo mucho que sucede. Se entregan diversas explicaciones sobre el carácter ideológico y político de las mismas, y que por sobre todo se dan en un país con una economía sólida, pero desigual.

Por lo tanto la crítica sería de esta forma, de carácter meritocrático y aspiracional, de ciertos sectores que quieren se les “cumpla la promesa” incumplida del ascenso social, y no sobre una precarización de sus condiciones de vida, es decir, no es que les falte, sólo quieren más, y el sistema debe generar los ajustes para esa demanda ciudadana de eso que falta.

Por supuesto, se dan indicadores robustos que avalan tales explicaciones, como el crecimiento del 6,5% que se proyecta para este año, y una suerte de estancamiento de la tasa de desocupación que se mantiene en un 7,5%. Por lo tanto, este es un país que crece y genera empleo.

Es así como se entiende que el Alcalde Labbé, en su participación en el programa Tolerancia Cero del domingo 25 de Septiembre, utilizó – como uno de los argumentos centrales para explicar el desalojo violento, cierre y segregación formal, de los colegios de su comuna- el argumento de que “no entendía por qué había tanta movilización y crítica” por parte de los secundarios, que comprendía lo de los universitarios, pero no lo que alegaban los secundarios, en especial de los colegios de la comuna de la cual es autoridad.

En la misma línea el presidente de Colombia Juan Manuel Santos declaraba que quería copiar el modelo chileno, y que no entendía por qué un país “modelo” como Chile, con tan buenos indicadores de bienestar, donde existe “un alto crecimiento con un gran desempeño social” podía haber una movilización tan grande por parte de los estudiantes.

Incluso Tomás Moulian, un sociólogo crítico de izquierda, plantea en una entrevista a la revista Qué Pasa “hoy la situación económica es buena, la situación del empleo es buena -un poquito mejor que en los últimos gobiernos de la Concertación- y, sin embargo, el movimiento estudiantil marcha”. El Profesor Moulian lo plantea como una “paradoja de la política”, y por lo mismo, con cauces institucionales por buscar y construir.

Los tres diagnósticos toman como punto de partida, el buen “momento económico” del país, y la crítica ideológica al modelo socioeconómico y político por parte de los estudiantes. Uno con temor, otro con perplejidad y otro con esperanza, pero lo cierto, es que todos lo integran al ámbito ideológico político de la superestructura, pasando livianamente el sugerente hecho del comportamiento de la infraestructura, de esa economía tan sana y robusta.

Fundación SOL, utilizando cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas, viene entregando minutas mensuales en los cuales demuestra que el crecimiento del empleo desde el trimestre enero-marzo del 2010 es por un lado, cuenta propia precarizado de jornada parcial y en un 85% de ocupaciones de baja calificación, y por otro comprueba que existen tendencias de un aumento exponencial de trabajadores que trabajan media jornada o menos y desean trabajar más horas, esto es subempleo horario o bien, subutilización de la mano de obra como lo plantea el BLS de Estados Unidos. Su crecimiento es de casi un 50% desde el trimestre enero-marzo 2009 (desde que se tiene oportunidad de medir el fenómeno), y para el caso de sectores como Comercio – que ocupa el 20% promedio de ocupados, con tan solo el 9% de participación del PIB para el 2010- es del 78% de crecimiento del subempleo.

Si tomamos en consideración que el empleo en el mismo período creció un 13%, se puede plantear (con bajo margen de error) que el país está produciendo puestos que no permiten generar ingresos suficientes para sostener una familia tal como lo viene planteando la Fundación en diversas columnas.

De forma complementaria a tales indicadores, el empleo protegido, aquel que cuenta con contrato escrito, liquidación de sueldo y protecciones laborales básicas, ha crecido a tasas menores que la misma ocupación, llegando tan sólo a un 8% de crecimiento en 2 años y medio. El mismo aumento han tenido los puestos de trabajo que no cuentan con contrato laboral, produciendo una subterránea y peligrosa burbuja laboral.

Todo estos datos de precarización están íntimamente relacionados, tal como lo ha demostrado Fundación SOL, con el estancamiento de la participación del salario en el total de la producción nacional, lo cual genera una brecha entre el crecimiento de estos y el producto por hora trabajada, en desmedro de los ingresos del trabajo produciendo un excedente productivo que no es remunerado al trabajador. De esta forma las ganancias del empresario aumentan exponencialmente y por consiguiente, no se remunera en todo su potencial productivo al productor directo que es el trabajador.

Estos datos, vienen a desmentir en parte la tranquilidad republicana con las cuales nos tomamos las movilizaciones, casi como un mero ajuste de cuentas de una democracia política a medias. Sin embargo, es el mismo núcleo de desarrollo el que está en conflicto objetivo, y aún más, generando una particular relación de desapego de la solidaridad mecánica clásica de las sociedades modernas que se hace carne en la participación productiva del país.

Alexander Páez

Alexander Páez

Son los hijos de esos trabajadores no calificados por cuenta propia, de esos media jornada con deseos de más horas para un trabajo más pleno, esos sin contrato laboral ni protección social de ningún tipo, los que se aferran 70 días a una huelga de hambre y se vuelven a tomar el colegio del barrio alto regido por un ex Coronel, los que hacen carne esta burbuja laboral, que no es sólo de un sector, sino que es la raíz de toda sectorialización, es el núcleo conflictivo opacado por 41 años de silenciamiento y desestructuración.

Discutamos con cifras en mano si es meritocracia aspiracional o la necesidad básica de existir, todo este ruido social de los últimos meses.

Alexander Páez es sociólogo e investigador del área Unidad de Estadísticas del Trabajo de la Fundación SOL | @lafundacionsol

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