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Los “indignados” dejan la Puerta del Sol en Madrid, pero seguirán luchando

Indignados de España | Facebook
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Tras 4 semanas que transformaron la Puerta del Sol de Madrid en un símbolo del malestar que reina en España ante el desempleo y la crisis, los jóvenes “indignados” desmontan su campamento pero prometen que seguirán luchando.

“Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, habían advertido el plantar su campamento alternativo en la gran plaza del “kilómetro cero” español, en pleno corazón de la capital.

Casi un mes más tarde, pese a un futuro incierto, los “indignados” anuncian nuevas acciones, especialmente una jornada nacional el 19 de junio.

“Vamos a seguir trabajando. La plaza va a seguir utilizándose como lugar de asambleas. Cada barrio seguirá trabajando, también seguiremos utilizando internet. Para el dia 19 todas las ciudades y los barrios han propuesto realizar una concentración a nivel nacional”, aseguró un portavoz, Marcos Quesada, estudiante de derecho de 19 años.

Los manifestantes ya han construido en la Puerta del Sol una estructura donde “va a quedar un punto de información, para que siga vivo el símbolo de Sol”, explica Irene Rodriguez, una joven que trabaja en la comisión de “infraestructuras”.

“Tengo dos carreras (universitarias) de arquitecto e ingeniero, y tres idiomas, y me quedo sin trabajo”, cuenta Irene.

El movimiento nació espontáneamente el 15 de mayo en una manifestación de ciudadanos cuyos objetivos eran diversos: contra el desempleo que afecta a mas de 4 millones de españoles y a casi la mitad de los de menos de 25 años, contra los políticos acusados de cinismo y corrupción, contra los bancos y los abusos del capitalismo.

Muy rápidamente, gracias a las redes sociales, el movimiento libertario se extendió a todo el país, donde florecieron campamentos en las plazas públicas de decenas de ciudades y pueblos.

Después de haber conseguido reunir a decenas de miles de personas en el momento de las elecciones locales del 22 de mayo, el campamento empezó a vaciarse poco a poco.

“Estoy aquí desde el primer día, y estoy cansada. La gente tiene que seguir con su vida, con su trabajo. Es difícil. La gente prefiere verlo desde el sofá” explica Irene.

Estos días, sin embargo, pasaron a otros tipos de acción: una sentada nocturna el miércoles ante el Parlamento, con un mensaje a la clase política resumido en este estribillo: “¡que no, que no nos representan, que no!”

“Desde que hemos decidido levantar la acampada, el movimiento se ha despertado con mucho mas fuerza. Hemos vuelto a nuestra meta, política”, asegura uno de los “indignados” que prefiere no dar su nombre.

Su plataforma exige una modificación de la ley electoral, que según ellos no deja lugar a los pequeños partidos, la “transparencia” de las instancias políticas y económicas, así como la participación de los ciudadanos en la vida política.

Pero sus propuestas concretas son casi inexistentes, y carecen de líderes. Por ello, el futuro de los “indignados”, pese al apoyo de la opinión pública, parece muy incierto.

“Que nos traigan propuestas que hayan recogido 500.000 firmas, y entonces las examinaremos”, indica un responsable gubernamental.

“Su futuro depende de su imaginación para mantenerse unidos e informados. Los indignados son un colectivo que es mucho mas amplio que los acampados en las plazas”, opina Antonio Alaminos, sociólogo de la universidad de Alicante.

“Creo que es importante que esta indignación sea canalizada de formas distintas a través de proyectos coordinados. Ésta es la fuerza, y también el reto, que tiene este movimiento” añade.

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