El reciente robo de datos que sufrió Sony, el peor en la historia de internet, supuso un ataque en el corazón de la estrategia del gigante japonés de la electrónica, en un momento en que su legendaria capacidad de innovación parece que ya es cosa del pasado.

El robo de datos personales de un centenar de millones de utilizadores de sus plataformas de juego y música para consolas, ordenadores y otros productos de la marca Sony constituye la mayor prueba para el grupo japonés.

El buque insignia nipón, que no excluye que los piratas también hayan robado datos bancarios, tuvo que suspender sus servicios durante varias semanas, pese a que son cada vez más la razón de ser de sus aparatos.

“¡Quién sabe cómo va seguir! La historia puede cerrarse ahora o acabar en procesos judiciales costosos si las informaciones robadas caen en malas manos”, dice Toshiyuki Kanayama, de la agencia de corretaje Monex.

Este ataque se produjo además en un mal momento para Sony, que fue una de las empresas japonesas del sector más afectadas por el terremoto del noreste de Japón. Diez de sus fábricas del archipiélago tuvieron que interrumpir temporalmente sus actividades.

Pese a que el grupo sigue sólido y es capaz de recuperarse de sus problemas coyunturales, algunos destacan sus debilidades estructurales, juzgando que Sony, sociedad emblemática de la posguerra, ha dejado de ser tan vanguardista.

El problema de la piratería ha creado sobre todo una preocupación sobre la estrategia de Sony que prima el atractivo de sus productos sobre los contenidos y los servicios a los que dan acceso.

Desde el punto de vista de los consumidores, la originalidad intrínseca de aparatos sigue siendo primordial, aunque no suficiente, subrayan los analistas.

Sobre todo si se tiene en cuenta la competencia para Sony de surcoreanos como Samsung Electronics o LG Electronics que son capaces de proponer productos de calidad técnica comparable mucho más baratos.

“Sony dice que quiere incorporar sus contenidos a su material (para destacarse). Pero vea el caso de Apple. Los contenidos llegaron después de la salida de aparatos atractivos”, recuerda Kanayama.

“Lo que cuenta en el caso de Sony, es que proponga productos únicos, atractivos. De lo contrario, los consumidores no tienen ninguna razón para elegir la marca Sony”, dice Toshiyuki Kanayama, analista de Monex.

En medio de la competencia internacional, el grupo está obligado a desarrollar más rápido, a reducir costos, a darse menos tiempo y menos libertad para imaginar objetos revolucionarios para el gran público, como tan bien sabía hacerlo el inventor de la radio de bolsillo, del Walkman o de las videocámaras.

En los años 2000, la salida de la PlayStation constituyó un nuevo golpe maestro, y le permitió dominar el mercado de la consola del videojuego. Desde entonces, Sony no ha logrado nuevos productos sorprendentes, como Apple lo logró con sus iPhone e iPad, deploran los japoneses.

Invitado a la prudencia financiera, Sony parece no querer arriesgarse a aventuras un poco locas, coronadas o no de éxito comercial pero potencialmente enriquecedoras desde el punto de vista de la creatividad.

“La creatividad original de Sony se ha perdido, y no es fácil recuperarla”, dice Kanayama.

“No hay nada para aumentar el crecimiento”, deplora el diario económico Nikkei, que apunta a que los beneficios netos que espera el grupo procederán sobre todo de la reducción de costos, un círculo vicioso que limita también los medios consagrados a la investigación.