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Represión en Siria: Los gobiernos árabes permanecen en silencio

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Los gobiernos árabes, que permanecen en silencio ante la represión en Siria, enfrentan situaciones comparables en sus países o temen las posibles consecuencias negativas de sus declaraciones, estiman expertos.

En el agitado Medio Oriente, una desestabilización de Siria podría llegar a tener graves consecuencias para sus vecinos, como Líbano, Irak y Jordania, pero también para otros países.

Varios Estados del mundo han manifestado preocupación ante la represión de las manifestaciones opositoras en Siria, que ha causado la muerte de unas 600 personas desde mediados de marzo, pero los gobiernos árabes han permanecido en silencio.

Según Mustafa Alani, del Centro de Investigaciones del Golfo con sede en Dubai, esta discreción se debe a que lo que está pasando en Siria, tras lo ocurrido en Libia, “demuestra que los cambios no siempre se producen con tanta rapidez como en Túnez o Egipto”.

“Los dirigentes de varios países dudan en involucrarse cuando la situación alcanza tal grado de incertidumbre” como en Siria, agrega Alani.

Además, “una guerra civil en Siria podría propiciar una nueva guerra civil en Líbano, agravar el terrorismo en Irak y favorecer la inseguridad en Jordania”, recalca.

Siria sigue teniendo mucha influencia en Líbano, en particular a través del Hezbolá. Por lo tanto, muchos políticos libaneses, tanto pro como antisirios, temen la incidencia de lo que está ocurriendo en el vecino país.

Para Hilal Jashan, de la Universidad Americana de Beirut, incluso los libaneses prooccidentales “consideran que, si apoyan a la oposición en Siria, la represión se va intensificar”.

Por su parte, Antoine Basbous, director del Observatorio de los Países Arabes de París, algunos gobiernos árabes temen que Damasco tome represalias contra ellos.

El régimen sirio “nunca dudó en complicarle la vida a Líbano, Jordania o Irak. Algunos países saben cuán perjudicial puede ser y prefieren no provocarlo”, estima.

En cuanto a Egipto, actualmente “tendería más bien a acercarse” al régimen de Bashar Al Asad, con el que, el ex presidente Hosni Mubarak, depuesto en febrero, tenía relaciones difíciles.

En el plano regional, parece poco probable que la Liga Arabe diga algo sobre lo que pasa en Siria, en momentos en que varios de sus miembros enfrentan situaciones comparables. En ese contexto, esta organización ha anunciado que pospondrá su cumbre anual, prevista este mes en Bagdad, para marzo de 2012.

Fuera del mundo árabe, Turquía, donde también vive una minoría kurda, muestra preocupación por lo que está ocurriendo en Siria e Irán subrayó en un comunicado los “32 años de sólidos vínculos” entre ambos países.

Israel, por su parte, teme las imprevisibles consecuencias de una desestabilización de Siria, en momentos en que el Estado israelí ocupa una parte del territorio sirio del Golán.

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