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Desaparición de Bin Laden no cambiará equilibrio de poderes en Afganistán

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La muerte de Osama Bin Laden, “huésped” de los talibanes cuando estaban en el poder, antes de fines de 2001, probablemente no modificará la situación en el conflicto en Afganistán, estimaron los expertos el martes.

La naturaleza de los vínculos entre la red de Al Qaida y los insurgentes sigue siendo difícil de determinar.

Los talibanes siempre se han mostrado reticentes a hablar del tema y, desde la muerte de Bin Laden el lunes, han permanecido silenciosos.

Existe al parecer una colaboración ocasional que varía mucho en función de las facciones que componen la insurrección afgana, de las regiones y de las circunstancias en el terreno.

Varios analistas subrayan que los talibanes persiguen un objetivo propio -la reconquista del poder en Kabul y la partida de las tropas extranjeras- diferente del yihad mundial que proclama Al Qaida.

“Pienso que la muerte de Osama no cambiará nada” en el conflicto afgano, estima Waheed Mujda, analista político y ex responsable del ministerio de Relaciones Exteriores del régimen talibán.

“Los talibanes son un movimiento nacional” y la muerte de Bin Laden tendrá un “efecto psicológico pasajero”, dice por su lado Gilles Dorronsoro, investigador de la Fundación Carnegie.

En cambio, Omar Sharifi, director del Centro norteamericano de estudios afganos en Kabul, estima que “hay numerosas pruebas de que Al Qaida está activo en Afganistán y trabaja en colaboración con los talibanes”.

“Numerosos combatientes chechenos, árabes y paquistaníes vinculados a Al Qaida fueron detenidos en Afganistán, particularmente en el norte y el este del país”, explica Sharifi.

La muerte de Bin Laden podría darle a Barack Obama la ocasión de lanzar negociaciones con los insurgentes talibanes, estima Gilles Dorronsoro.

El lunes, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, llamó nuevamente a los talibanes a “abandonar a Al Qaida”, una de las condiciones exigidas por Estados Unidos para que haya negociaciones entre el gobierno afgano y los insurgentes.

El presidente afgano Hamid Karzai por su parte instó el lunes a los insurgentes a “sacar las conclusiones” de la muerte de Bin Laden y a “deponer las armas”.

“La muerte de Osama puede ser una alerta para todos. Para Djalaloudine Haqqani, el molá Omar y Gulbuddin Hekmatyar”, los jefes de las principales facciones de la insurrección afganas, argumenta Mohamad Yunus Fakur, un analista político afgano.

“Eso podría llevar a los talibanes al proceso de paz”, agrega Fakur, con cuya opinión Waheed Mujda discrepa.

“Los talibanes repitieron que no aceptarían la Constitución afgana y que combatirían hasta la partida del último soldado extranjero de Afganistán, por lo cual todos esos esfuerzos de paz me parecen unilaterales y la muerte de Osama no cambiará nada”, dice Mujda.

Para los analistas, la presencia de Bin Laden en una ciudad de guarnición, tan cerca de Islamabad, evidencia los lazos ambiguos de una parte del aparato del Estado con Al Qaida y coloca en una situación difícil a Pakistán.

Es un tema “potencialmente explosivo” en las relaciones entre los vecinos afganos y paquistaníes, pero eso no va a cambiar el apoyo de Pakistán a los talibanes, dice Gilles Dorronsoro.

Omar Sharifi piensa que la comunidad internacional podría aprovechar para aumentar la presión sobre Pakistán para que “cese de utilizar elementos terroristas en la aplicación de su política” en la región.

En cambio, Sharifi y Dorronsoro consideran que Pakistán podría sacar provecho de la situación diciendo que después de la muerte de Bin Laden la presencia de Estados Unidos en Afganistán ya no es legítima.

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