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Mourinho, un técnico especial que convierte en oro lo que toca

José Mourinho
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El portugués José Mourinho, que ganó este lunes en Zúrich el premio de mejor entrenador mundial, es un técnico especial, como él mismo se definió cuando dirigía al Chelsea, algo que no se aleja de la realidad, tanto por su capacidad como técnico como su gusto por la provocación.

“I am the special one” (Soy el especial), dijo en una ocasión cuando entrenaba al Chelsea. Y los hechos lo demuestran. La autoestima del portugués podrá seguir creciendo tras ganar el primer trofeo instaurado por la FIFA al mejor entrenador del año.

Su última actuación llegó el domingo en el partido de la liga española en el que su equipo, el Real Madrid, se impuso al Villarreal por 4-2. Tras uno de los goles se aproximó al banquillo rival para celebrar ante el enfado de los visitantes.

“Sólo quería celebrar con mi hijo que estaba detrás del banquillo del Villarreal”, dijo como excusa.

José Mourinho

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Mourinho se ha convertido en una especie de rey Midas que convierte en oro casi todo lo que toca.

Tras aprender a la sombra de Bobby Robson, del que era su traductor en los tiempos del FC Oporto y Barcelona, siguió en el club catalán como ayudante de Louis Van Gaal, del que aprendió su disciplina holandesa y a cuidar los mínimos detalles.

Cuando hubo aprendido los suficiente se lanzó en solitario a los banquillos y ganó con el Oporto la Copa de la UEFA en 2003 y la Liga de Campeones de 2004.

Ese máximo título continental no lo celebró con el equipo portugués ya que se había comprometido con el Chelsea.

Con el equipo de Roman Abramovich logró dos ligas inglesas y una copa, pero le quedó la frutración de no repetir triunfo en la Liga de Campeones, que había ganado con el Oporto.

En el Inter de Milán, en el que permaneció dos temporadas, logró en 2010 el triplete liga de Italia, Copa de Italia y Liga de Campeones, lo que le ha catapultado al premio de mejor entrenador del año.

Como hizo cuando ganó con el Oporto, tampoco celebró con el Inter de Milán el título continental y se quedó en Madrid, sede de la final de la Liga de Campeones, a cerrar el acuerdo con el Real Madrid para entrenar al equipo blanco esta temporada.

Florentino Pérez, a quien Mourinho le ahorró el sonrojo de ver al Barcelona jugar la final de la Liga de Campeones en el Santiago Bernabéu, ofreció al portugués un jugoso contrato y se quedó en el club español.

Desde entonces, con un equipo inferior al Barcelona, ha conseguido que el Real Madrid esté a sólo dos puntos del club catalán en la Liga española, a pesar de sufrir una humillante derrota en el Camp Nou por 5-0.

Toda la controversia que acumula y las críticas que le llueven de muchos sitios por su gusto por la provocación, se convierten en elogios de los jugadores de los clubes por los que ha pasado.

Jugadores como Franck Lampard y John Terry, en el Chelsea, o Marco Materazzi en el Inter, lo adoran, señalan que siempre defiende a los jugadores y que con sus declaraciones y protagonismo trata de atraer la atención hacia él y evitar las críticas a los jugadores.

Hasta ahora ha logrado todo lo que ha intentado. Pero hacer frente a un equipo como el Barcelona parece el mayor desafío de su carrera. De momento ya le ha ganado la batalla a Pep Guardiola, técnico del equipo catalán, en la lucha por ser el mejor técnico del año.

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