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Ex empleados de Polaroid rescatan en Holanda método de revelado instantáneo

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A pesar de haber cerrado en junio de 2008, el ruido de las máquinas sigue escuchándose en la fábrica Polaroid de Enschede, este de Holanda, luego de que un puñado de ex empleados de la empresa relanzara la producción de las célebres películas fotográficas de revelado instantáneo.

Cámara Polaroid

Un año y medio después de haberle comprado a Polaroid la maquinaria, la empresa bautizada “Impossible” vende desde marzo a través de internet sus propias películas fotográficas en blanco y negro adaptables al popular modelo SX70 de los años 1970.

“Muchos están fascinados” por estas “fotos que se revelan en la mano”, explica el austríaco Florian Kaps, de 40 años, un apasionado de la fotografía a emulsión y que impulsó el proyecto.

La empresa planea fabricar películas a color a partir de este verano (boreal) y cuenta producir un millón de rollos de ocho fotos cada uno para comercializarlos a 18 euros (unos 22 dólares) para fin de año.

“Todos dijeron que era imposible: pensamos en consecuencia que era el nombre perfecto” para la empresa, recuerda Florian Kaps añadiendo que hay unos 300 millones de aparatos de foto Polaroid en el mundo.

La empresa estadounidense Polaroid, cuyo cierre fue precipitado por la llegada de la fotografía digital, se declaró en bancarrota en 2008 luego de un caso de fraude. Sus activos fueron adquiridos por dos fondos de inversión especializados en la compra de marcas de renombre.

Cuando el grupo estadounidense cerró en junio de 2008 su última fábrica de películas en el mundo situada en Enschede, Florian Kaps convenció “luego de unas cervezas” a André Bosman, entonces director técnico, de salvar una parte del material.

Con un capital de tres millones de euros de 13 socios inversores, los dos asociados compraron diez máquinas y un stock de 500.000 películas, que ya vendieron casi en su totalidad, y se instalaron en uno de los cinco edificios de la fábrica.

“Hacer lo mismo que Polaroid era imposible”, señala el ingeniero André Bosman, de 56 años, que comenzó a trabajar para la empresa estadounidense en 1980. Dado que Polaroid no produce más desde 2006 los componentes químicos necesarios para la producción del producto, Impossible tuvo que desarrollar por su cuenta una nueva receta utilizando 25 ingredientes.

Sobre una mesa del laboratorio, de pura evidencia demasiado grande para los dos químicos que prueban colorantes, se pueden ver una serie de instantáneas amarillentas de Betsy, un maniquí, mascota de la fábrica desde los años 1970.

Un piso más abajo, Paul Latka, de 52 años, de pequeños anteojos y de apariencia tímida, controla los paquetes que desfilan en una cinta metálica.

“Realmente lloré cuando Polaroid cesó la producción”, confía este empleado que comenzó a trabajar allí en 1979, cuando la fábrica empleaba a unas 1.200 personas y producía 120 millones de rollos en promedio cada año.

“Siempre hay una oportunidad, como también existe el riesgo de que esto no funcione”, sonrió en alusión al proyecto de Impossible, que emplea a 25 personas que suman unos 25 años de experiencia promedio en la fábrica.

En el taller de ensamblado se huele en el aire los productos químicos y el polvo. Los rollos de negativos giran a toda velocidad.

“La gente que controla ahora Polaroid tiene el nombre, nosotros tenemos el alma y el cuerpo”, asegura Bosman.

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