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Intereses económicos prevalecieron sobre protección de especies en CITES

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Los intereses económicos prevalecieron sobre la protección de las especies amenazadas durante la conferencia de la CITES en Doha, que resultó impotente a la hora de imponer una regulación en el comercio internacional de las especies marinas emblemáticas.

Poco antes de la clausura este jueves, Japón, que aparece como el gran ganador de la reunión, ha logrado echar atrás la única decisión adoptada pocos días antes a favor de una inscripción del tiburón-topo (Lamna nasus) en el Anexo II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES)

La CITES habría podido entonces controlar las exportaciones de este pez.

“Japón piensa que la CITES no debería inmiscuirse en las especies comerciales, pero se equivoca”, reaccionó el secretario general de la Convención, Willem Wijnstekers.

“La CITES sirve con mucha frecuencia de servicio de reanimación. Muchas veces cuando las especies llegan a la CITES ya es demasiado tarde”, lamentó.

Para el consejero científico de la Convencion, David Morhan, “una de las objeciones esgrimidas, sobre todo por los países en desarrollo, es la de los impactos socio-económicos, que evidentemente cuentan, pero a largo plazo la principal preocupación económica será la falta de peces, si la situación perdura”.

Tampoco se aceptó incluir en el Anexo II a otras tres especies de tiburones –el tiburón martillo (Sphyrna lemini), el oceánico (Carcharhinus longimanus) y el tollo común (Squalus acanthias), muy buscados por el comercio lucrativo de sus alerones–, al igual que los corales rojos preciosos de las grandes profundidades y sobre todo el atún rojo del Atlántico Este y el Mediterráneo (Thynnus thunnus).

El atún parecía un invitado de marca en Doha, a causa de los elevados precios que alcanza en el mercado japonés, primer consumidor mundial.

Durante los 12 días de la conferencia Japón ejerció presiones en los pasillos de la conferencia, reforzado por la presencia de numerosos representantes de las pesquerías asiáticas.

“Los ministros de la Pesca llegaron a Doha en masa y son ellos los que han dictado las decisiones. Es un día triste para la CITES”, declaró Celine Sissler Bienvenu, del Fondo mundial de protección de animales (IFAW)

“La CITES era un tratado que refrenaba el comercio en nombre de la protección. En la actualidad se restringe la protección a beneficio del comercio”, lamentó Sue Lieberman, directora de políticas internacionales en el Pew Environment Group.

“Finalmente ¿qué quedará de esta conferencia? Uno o dos lagartos”, dijo.

“Todos los criterios científicos para una inscripción de esas especies estaban reunidos; la caída de estas especies es evidente”, juzgó igualmente el representante estadounidense Thomas Strickland.

La CITES, que entró en vigencia en 1975, ha inscrito ya bajo su protección más de 34.000 especiales de las que prohíbe (Anexo I) o regular (Anexo II) el comercio internacional. Tigres, elefantes, cocodrilos o esturiones forman desde hace mucho parte de esas especies, con menor o mayor éxito.

En Doha, la CITES mantuvo la protección máxima para los elefantes, oponiéndose a Tanzania y a Zambia que reclamaban una flexibilización para sus paquidermos. Porque, pese a la CITES, la caza furtiva de las especies codiciadas sigue siendo floreciente.

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