El suicidio por lo general no es bien visto en la sociedad occidental, principalmente por la influencia de las tradiciones impuestas por el cristianismo, que durante siglos se ha instalado fuertemente en la estructura social de los países que crecieron bajo el alero de la iglesia Católica y otras religiones derivadas del legado de Roma.

Pero esta situación en muy distinta en oriente, donde milenarias culturas abrazan a esta práctica, en algunas ocasiones vista como un signo de valor y honor.

En Japón, que durante los últimos diez años ha mantenido una cifra promedio de suicidio que supera los 30.000 mil casos anuales según el World Health Organization, existe un lugar que ‘por tradición’ es el principal destino para quienes quieren quitarse la vida. Hablamos de Aokigahara, conocido popularmente como “El mar de árboles”, un bosque ubicado al noroeste de la base del Monte Fuji, entre las prefecturas de Yamanashi y Shizuoka, que se ha convertido en el segundo lugar con más suicidios anuales, después del puente Golden Gate en Estados Unidos.

AokigaharaForest.com

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Si bien la National Police Agency de Japón (NPA) dejó de hacer públicas las cifras de suicidios en 2003, para no estigmatizar más el lugar, se tienen registros de hasta 100 cadáveres que se fueron encontrados en el transcurso de un año, y 247 intentos de suicidio registrados a lo largo de 2010, según señala el medio JapanTimes.

Es más, la Organización Nacional de Turísmo de Japón lo describe como un lugar de sanación espiritual, en el cual para intentar evitar los suicidios, se han instalado carteles invitando a los visitantes a cuidar y valorar su vida con frases como “La vida es un precioso regalo que te dieron tus padres” o “Piensa en tu familia”.

Según los datos de la NPA, los primeros meses del año fiscal, es decir entre abril y mayo, son los preferidos para los suicidas que acuden a este lugar, que por lo general son hombres de entre 30 y 40 años, aquejados por problemas económicos.

Con 35 kilómetros cuadrados de bosque, Aokigahara ha sido protagonista tenebrosos relatos y cuentos que datan de hace más de mil años, y que hablan de antiguos demonios que lo habitaban. Claro, todo como parte de la mitología oriental.

Sin embargo estos relatos vienen de la mano con ‘la apariencia’ de este lugar, que se formó durante las erupciones volcánicas que sufrió el monte Fuji entre los años 800 y 1083. Si bien su aspecto es tranquilo y apacible, cuenta con cientos de cuevas y obscuros sectores con alta densidad de árboles, acompañado por un suelo volcánico, lo que facilita la desorientación de los visitantes que deben marcar sus rutas para no perderse en la zona.

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Sin duda este lugar, considerado como una zona turística por excelencia, adquirió notoriedad en 1993 con el lanzamiento del polémico libro “El completo manual del suicidio” de Wataru Tsurumi, que lo mencionaba como el mejor lugar para quitarse la vida. Aunque los suicidios en la zona se registran desde muchos años más atrás. Desde la década de los 70′ que se realizan incursiones para rescatar cadáveres desde Aokigahara.

Una de las asociaciones populares que se hace en torno a la predilección de los suicidas por este lugar, es la referencia que se hace en la novela Nami no Tou de Seicho Matsumoto, un libro de 1960 en el que se cuenta la historia de una pareja de amantes que se quita la vida en ese lugar.

Pero no sólo la atracción de la muerte ocupa espacio en los mitos que rodean a Aokigahara, pues también se cree, sin fundamentos reales, que existen yacimientos de hierro magnético que alteran las brújulas y afectan los GPS, facilitando la desorientación de las personas.

Tal vez sólo sea un bosque de tranquilos paisajes, es lo más coherente, pero es un hecho que se ha convertido en un lugar crucial para los suicidas orientales que aprovechan la soledad de la extensa zona para terminar con su vida en uno de los bosques milenarios más famosos de Japón.